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Grullas canadienses

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Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo, Efesios 4: 32.

A principios del siglo XX, las grullas canadienses casi quedaron extintas. Se designaron varias reservas para protegerlas y hoy su población comienza a recuperarse lentamente. En Estados Unidos, existen varias reservas para estas aves; los conservacionistas registraron 805 parejas reproductivas el año pasado.

Hay seis subespecies de las grullas canadienses y tres son migratorias. Estas viajan al sur de Estados Unidos y al norte de México. Las grullas canadienses alcanzan una altura poco mayor a un metro. Donde yo vivía en Míchigan, Estados Unidos, las más comunes tenían una frente despejada de piel arrugada, con algunas plumas negras que parecían pelo. En otoño, estas aves mudan de plumaje; adquieren uno nuevo de un hermoso color gris. Sin embargo, cuando regresan de su migración, tienen plumas rojizas o marrones.

El macho y la hembra participan en la crianza de sus polluelos. La hembra pone un huevo y un par de días más tarde, otro. El macho y la hembra cuidan el nido durante el día; llegada la noche, la hembra se queda en el nido mientras el macho permanece cerca, de pie sobre una sola pata en agua poco profunda. Después de 29 a 32 días, se abren los huevos. Los bebés miden apenas 25 centímetros de altura y pesan como 100 gramos. No pueden volar hasta pasados 75 o hasta 90 días; la familia vive unida en el agua, en algún lugar apartado. A veces, los polluelos pelean.

Dios quiere que los miembros de una familia convivan y se ayuden mutuamente. A veces, como los polluelos de grulla canadiense, no nos llevamos bien con nuestros hermanos o hermanas. Si es tu caso, pide hoy a Dios que te ayude a amarles, a ser amable y llevarte mejor con ellos. Te ayudará.


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