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Los colimbos

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Verdaderamente el Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su poder, y hemos oído su voz, que salía de en medio del fuego. Hoy hemos comprobado que Dios puede hablar con los hombres sin que estos mueran, Deuteronomio 5: 24.

Los colimbos viven en los lagos del norte pero pasan el invierno en el sur. Los machos y las hembras son casi idénticos, con un plumaje negro brillante y motas blancas. Como son territoriales, pocos colimbos habitan al mismo tiempo en un sitio específico. Los machos establecen su territorio y luego llegan las hembras. Hay cinco especies conocidas de colimbos.

El colimbo grande es el más numeroso. A diferencia de la mayoría de las aves, los huesos de sus piernas son sólidos, no huecos. Además, sus piernas están en la parte trasera de su cuerpo, lo que le ayuda a zambullirse en busca de comida. Pueden sumergirse hasta 48 metros, persiguiendo peces o buscando organismos acuáticos. Los colimbos tienen un plumaje denso y bien lubricado durante el proceso de acicalado (lo veremos el 31 de marzo). Así sus cuerpos permanecen secos y aislados de las frías aguas norteñas.

Ambos padres crían a sus hijos; incuban sus huevos en un nido hecho de plantas amontonadas que puede usarse año tras año. El huevo o el par de huevos que ponen, tarda de 28 a 30 días en eclosionar. Los polluelos nadan o se suben a las espaldas de sus padres. Para volar, el colimbo debe batir sus alas y correr sobre la superficie del agua hasta despegar.

Los colimbos tienen cantos interesantes. Una vez que los escuchas, jamás los olvidas. Ríen, hablan, cantan a la tirolesa y producen trémolos (ocho a diez notas repetidas a gran voz). Cada sonido tiene un significado. Cuando el colimbo está emocionado o amenazado, hace trémolos. Los machos cantan a la tirolesa cuando encuentran otros machos. Las risas sirven para localizar a otros colimbos o a las crías, y hablan para comunicarse entre parejas o parvadas.

Como te darás cuenta, los colimbos se comunican de varias maneras, igual que Dios. Él intenta comunicarse con nosotros de diversos modos según las circunstancias. Invítalo a hablar contigo hoy; te hablará, a su manera, y lo entenderás. Pide a Dios que te ayude a escuchar su voz, ya sea mediante la Biblia, la naturaleza o aun las palabras de un amigo.


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