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Anticongelante natural

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Señor, tú eres mi Dios; yo te alabo y bendigo tu nombre, porque has realizado tus planes admirables, fieles y seguros desde tiempos antiguos, Isaías 25:1.

Existen 35 especies de álamos. Muchos son bien conocidos, como el blanco, el negro, el temblón, el plateado y el cano. Es interesante que todos los álamos pertenecen a la familia de los sauces.

Los tallos de las hojas de algunos de estos árboles, como el álamo temblón y el álamo negro de Norteamérica, son tan planos o torcidos que las hojas pueden aletear. En la brisa, se ven verdes y aletean, adelante y atrás. Los álamos crecen con rapidez. Algunos superan los dos metros de altura en un año. Su madera es buena para fabricar papel y leña.

Los álamos pueden vivir en zonas en que las temperaturas invernales descienden hasta -40 grados. Pueden sobrevivir hasta en -73 grados. ¿Cómo? Mediante un proceso llamado liofilización. En otoño, los árboles retiran casi toda el agua de sus células vivas; esta agua se congela entre las células. Esa humedad congelada contiene azúcar, que actúa como anticongelante. En primavera, cuando llega el clima más templado, el hielo se derrite y las células absorben la humedad.

Los álamos ofrecen alimento a más de 40 especies de animales. Los conejos y los castores obtienen de estos árboles más de 50% de su comida. Donde crecen los álamos abundan las lombrices, así que la base de los álamos es un buen lugar al que muchos animales y pescadores acuden para conseguir lombrices.

Sí, servimos a un Dios maravilloso. Su creación es tan compleja que los científicos no dejan de asombrarse ante todas las cosas nuevas que descubren. Agradece hoy a Dios porque es magnífico y ha hecho tantas cosas maravillosas por ti.


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