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Amantes de los precipicios del Himalaya

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Tú eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador, mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi más alto escondite, Salmos 18:2.

Las dos últimas criaturas del Himalaya de las que hablaremos, son el goral y el serau. Este par de animales disfruta los bordes rocosos y los precipicios, donde hay algunas plantas. Ambos se mueven con gran seguridad y pueden trepar con mucha rapidez. Viven en diversas altitudes, desde apenas 2000 metros hasta 3600. Dado que los animales que hemos conocido en estos días viven a diferentes altitudes, nunca se estorban y, en general, hay comida para todos.

El más pequeño de los once animales del Himalaya que hemos estudiado es el goral. Mide 70 centímetros aproximadamente y pesa unos 27 kilos. Sus cuernos alcanzan una extensión de apenas 20 centímetros y tiene una apariencia alargada, gruesa y melenuda. Parte de la melena de los machos se ve levantada. Los gorales son de color amarillo grisáceo, o rojizo marrón; tienen una franja negra que se extiende desde el cuello hasta la cola, y un parche blancuzco en la quijada y la garganta. Nunca se alejan de la vegetación, para poder esconderse si hay peligro; en ese caso emiten un silbido de alarma.

La más interesante de todas las criaturas es el serau. Pareciera que el Creador tomó partes de la vaca, el cerdo, el burro y la cabra para hacerlo. Los seraus miden unos 96 centímetros y pesan de 90 a 136 kilos. Tienen un pelaje largo, melenudo y marrón, y cuernos de 25 centímetros. Son muy rechonchos, tienen orejas largas y puntiagudas, y una peluda cola corta. Cuando se asustan emiten un fuerte chillido, una combinación de bufido y silbido.

Estos animales confían en que las rocas les brindan seguridad, y es muy difícil que sus enemigos puedan seguirlos y atraparlos. El salmista confiaba en que Dios era su Roca. Deberíamos alegrarnos de que podemos confiar en Dios. Dale gracias porque es tan confiable.


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