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La morsa

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A su debido tiempo, Dios llevará esto a cabo, porque él es el único y bienaventurado soberano, Rey de reyes y Señor de señores, 1 Timoteo 6: 15.

La monarca de los mares árticos es la morsa. Este animal enorme parecido a la foca tiene dos grandes colmillos que cuelgan de su mandíbula superior. Tanto los machos como las hembras tienen esos colmillos de marfil.

Las morsas pesan entre 800 y 1700 kilos y miden hasta tres metros y medio de longitud. Al nacer, la morsa bebé mide poco más de un metro y pesa.59 kilos. La hembra tiene una cría cada dos o tres años, y amamanta a cada cría durante dos años. La mamá morsa hace cualquier cosa para proteger a su cría, aun sacrificar su propia vida.

Estas enormes criaturas tienen firmes pelos erizados en sus hocicos. Usan sus colmillos para excavar y obtener comida de las zonas poco profundas del océano; usualmente menos de 90 metros. Cuando no están comiendo, las morsas se recuestan sobre témpanos de hielo. Dios dio a estas criaturas dientes posteriores muy fuertes, tanto que pueden romper las conchas de los moluscos que comen.

A las morsas les gusta estar en compañía. No es raro encontrar a cientos que viven en comunidad; una vez fue visto un grupo de 2000 morsas. Los esquimales cazan a las morsas para obtener su carne, colmillos y piel. Su marfil se vende por muchísimo dinero en el mercado actual. Con la piel se fabrican buenos productos de cuero y cascos de botes porque casi no tiene pelo.

Las morsas no son buenas nadadoras de larga distancia. Aunque nadan con bastante rapidez durante breves periodos, deben detenerse a descansar, ya sea sobre tierra o hielo. De otro modo, se ahogarían por la fatiga. ¡Nadar en la helada agua del Ártico cansaría a cualquiera! Los osos polares son los únicos enemigos verdaderos de las morsas. Luchan encarnizadamente con ellos; usualmente, para proteger a su crías.

Así como la morsa es reconocida como la monarca del Ártico, debemos reconocer a Jesús como el monarca del mundo y de nuestras vidas. Pronto será reconocido como «Rey de reyes y Señor de señores». Reconócelo hoy como tu rey. Ofrécele tu vida en Servicio.


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