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Fuego en el cielo

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Sus labios están llenos de ira, su lengua es como fuego destructor, su aliento es como un río desbordado, Isaías 30:27, 28.

Habrás visto un volcán extinto, ya sea en foto o en la realidad. Cuando era niño, mis papás y yo vimos varios volcanes extintos durante nuestros viajes. También he visto muchas imágenes de volcanes y me fascinan.

Cuando vivía en Sudamérica, tuve el privilegio de sobrevolar los Andes y viajar por ellos en auto, tren y a caballo. Hasta cruzamos el lago Titicaca de noche en bote. Durante esos siete años en Perú siempre quise ver un volcán activo, pero no pude.

Hace varios años cuando nuestra familia fue a las islas de Hawái, vimos los resultados de los volcanes activos. Vimos cómo la lava había hervido por sobre la cima de una montaña y fluido por la colina, cubriendo todo a su paso. Vimos árboles a los que la lava ardiente había aplastado y destruido. Vimos un volcán burbujeante y olimos el gas sulfuroso que salía de las grietas en el suelo, y del lodo. Una noche nos asomamos al balcón de nuestro hotel, y vimos fuego que subía al cielo. Por fin vi un volcán activo. Me alegró que el fuego no haya sido tan grande como para destruir edificios, vida animal o vegetal, y tal vez humana. Sin embargo, todo eso sucedió más tarde, cuando el volcán de hecho hizo erupción.

A medida que los gases subterráneos se calientan y expanden, necesitan liberar la presión. Esa es la erupción volcánica. Lo mismo pasa en la vida. Muchas veces desarrollamos mucha presión emocional en nuestro interior. Nuestros amigos, padres y maestros nos molestan hasta que ya no podemos soportarlo, y hacemos erupción: proferimos insultos por todos lados. Pero nuestro Dios de amor nos ayuda a no explotar si queremos evitarlo. En tu oración de hoy di a Dios que quieres que tu vida cambie. Si con frecuencia estallas en furia, pídele que te ayude a cambiar. Así será.


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