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Lluvia ácida

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Comen y beben alegremente, sin mostrar ningún respeto. Son pastores que solamente de sí mismos, son nubes Sin agua, llevadas por el viento. Son árboles que no dan fruto a su tiempo, dos veces muertos y arrancados de raíz, S. Judas 12.

Por todo Estados Unidos y Canadá se escuchan amonestaciones de que los lagos están contaminados y cada vez hay menos bosques. Es necesario tomar acciones. En el mundo, se calcula que más de 20 000 lagos de Suecia están contaminados y la hermosa Selva Negra de Alemania quizá ya no tenga remedio.

 Te preguntarás qué sucede. El humo de carbón que sale de las chimeneas de las fábricas y otras plantas industriales, contiene mucho dióxido de azufre y óxidos nítricos. Al caer al agua o la tierra, mata muchos seres vivos. En los lagos que una vez rebosaron de hermosos peces y vida silvestre, los peces han muerto y las encantadoras ranas, los colimbos y los martines pescadores han desaparecido.

 ¿Es posible detener el desastre? Los científicos esperan que al reducir las emisiones de azufre que salen de las chimeneas, el daño que hace la lluvia ácida se reduzca. Se ha esparcido cal en algunos lagos al norte de Estados Unidos para contrarrestar y neutralizar el ácido, para que las criaturas que viven cerca de y en los lagos, no mueran.

Resulta escalofriante pensar que el delicado equilibrio que sustenta la vida en el mundo, está casi destruido debido a nuestro egoísmo, descuido, y nuestra avaricia. Los animales y las plantas que se han extinguido jamás volverán.

En nuestra experiencia cristiana también hay contaminantes que dañan nuestros cuerpos y nuestra relación con Jesús. Con ayuda de Dios podemos superar al destructor, Satanás. Jesús se encargará de los contaminantes de tu vida si se la entregas.

Entrega hoy tu vida a Jesús. Que la purifique y retire todos los contaminantes pecaminosos. Así tendrás una vida bien limpia.


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