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Chicos saltarines

Matutina para Android

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¡Que [los dioses falsos] se levanten a ayudarlos! ¡Que vengan a protegerlos!, Deuteronomio 32: 38.

Las montañas Rocallosas, que se extienden desde Alaska hacia el sur, son el hogar de la cabra blanca. Estas criaturas de pelo El blanco viven en las pendientes y los precipicios más pronunciados que existen. Así se mantienen a salvo.

Salvo en época de reproducción, las cabras en general se mueven en rebaños. Durante dicho periodo una hembra deja el rebaño y elige un resquicio. En dos días da a luz a su cría. Este recién nacido, del tamaño aproximado de un bebé humano, que pesa cuatro kilos, pronto se levantará e intentará saltar y jugar. Sus piernas no son suficientemente estables pero de todos modos intenta. La madre se interpone entre su cabrito y el borde del precipicio, para que si hace una tontería, ella pueda evitar que caiga y se lastime o muera.

El cabrito al principio se amamanta, pero para el segundo o tercer día, querrá comer plantas con su madre. En un mes se habrá destetado y comerá únicamente plantas. Dos semanas después del alumbramiento, la madre vuelve al rebaño y lleva a su cabrito. Mientras tanto, este ha aprendido a saltar de una filosa roca a otra, pero su mamá siempre estará cerca para protegerlo y ayudarlo.

A veces los adultos más grandes y viejos del rebaño tratan de empujar a los jóvenes fuera del camino, pero durante sus primeros diez u once meses, su madre siempre está cerca. Tristemente, durante las fuertes nevadas del invierno la mitad de los cabritos muere, pues la temperatura es demasiado fría y la nieve demasiado profunda para ellos. Pesan escasos 20 kilos y tienen poca grasa. El primer invierno es muy rudo para los cabritos.

En nuestro versículo de hoy, Moisés indicó que los falsos dioses no podían proteger a Israel. Pero Dios puede. Así como la madre cabra protege a su cría, Dios protege a sus hijos e hijas. Ama a su familia y hará lo que sea necesario para protegerla del enemigo. Pide a Dios hoy que te proteja de tu enemigo.


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