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Ciervo de los Cayos

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No tengan miedo, ovejas mías: ustedes son pocos, pero el Padre, en su bondad, ha decidido darles el reino, S. Lucas 12:32.

En los Cayos (archipiélago en la costa de Florida, Estados Unidos) vive un venadito llamado ciervo de los Cayos. Cuando alcanzan su máxima estatura, estos venados son más pequeños que un gran danés. La huella de uno de estos cervatillos es casi la de un pulgar humano. El único lugar donde se encuentran estos ciervos de cola blanca es en los Cayos de Florida.

Por desgracia, los humanos maltrataron a estos venados y casi quedaron extintos. Un niño de once años decidió hacer algo al respecto. En 1949 ese muchacho, llamado Glenn Allen, escribió una carta al presidente Truman para pedir que esa tierra se convirtiera en refugio para salvar a los ciervos de los Cayos. También escribió a miembros del Congreso y directores de periódicos, para solicitar su ayuda. Los residentes de los Cayos no querían renunciar a su preciada tierra para darla a los venados, así que trataron de obstruir el establecimiento de un refugio.

Ocho años después, cuando Glenn tenía diecinueve, se puso a trabajar con más ahínco en su proyecto. Involucró a más personas y en 1957 el Congreso aprobó una ley para crear el Refugio Nacional de Venados de los Cayos. La gente que vive actualmente en los Cayos es amistosa con los venaditos. Todavía existen unos 400 hoy día. Si ese refugio no hubiera surgido, seguramente ya estarían extintos.

Cuando Colón navegó al Nuevo Mundo por cuarta vez, llegó a un Cayo y uno de sus marineros fue a explorar. Al pasar sobre las gruesas enredaderas de los palmitos notó un pequeño ciervo que lo observaba. En la bitácora del barco describió al ciervo de los Cayos como una «gran maravilla». Glenn Allen y sus amigos también pensaron que esos venados son una gran maravilla y lograron preservar sus vidas.

Jesús también ha prometido darnos refugio, pues aquí en la tierra somos sus grandes maravillas. Dale gracias por la promesa del versículo de hoy. Se complace en darnos su reino. Confía en él. Jamás te fallará.


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