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El Sahara

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Que se alegre el desierto, tierra seca, que se llene de alegría, que florezca, Isaías 35 1.

El Sahara es un desierto famoso por su intenso calor y aridez. Menos de tres millones de personas viven en ese desierto, que abarca más de un tercio del norte de África. Ahí escasea el agua, pero en esa inmensa extensión de tierra existen hermosos lugares llamados oasis. Como no pueden sustentar más que a unas cuantas personas, los hombres de las familias que viven en oasis viajan a las ciudades a buscar trabajo. Con el dinero que ganan compran cosas que llevan a sus hogares en los oasis.

Ahí el agua se obtiene de profundos pozos. Los asnos son la fuente de poder principal para sacar el agua. Una vez extraída, se usa para llenar bolsos de piel, que se almacenan en las casas.

En julio, por el ángulo del planeta y el sol, el día queda dividido en dos periodos de doce horas exactas. Con el intenso calor del mediodía, los granjeros salen a trabajar muy temprano y vuelven a sus casas como a las diez de la mañana. Luego toman una larga siesta y descansan hasta las oraciones de la tarde.

Estos habitantes del desierto continuamente batallan para evitar que el viento amontone arena en sus oasis. Cada familia tiene una casa hecha de lodo y cemento. Las casas se construyen alrededor de un gran patio. La familia puede quedarse, trabajar y convivir en el patio, que brinda protección contra la arena. Cada habitación tiene una puerta que da a ese patio central.

Crecen palmas datileras en la mayoría de los oasis. Los dátiles son alimento y la madera se usa para postes y vigas en las casas. Los dátiles se cosechan una vez al año. Cada palmera puede dar más de 45 kilos de dátiles. Toda el agua que se usa para regar las palmas datileras se carga desde los pozos.

Qué acontecimiento tan feliz será cuando Jesús regrese y haga esos lugares estériles y desolados hermosos otra vez. Gracias a Dios por su poder restaurador para el mundo y para ti.


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