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Hormigas de miel

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Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin defecto en su presencia, Efesios 1: 4.

Existe una especie de hormigas llamadas de miel. Recibieron ese nombre porque recolectan néctar dulce de las agallas. Ahora bien, una agalla es una bola grande que surge cuando una avispa deposita sus huevos en una rama o nudo del árbol. Se forma una agalla a su alrededor. Las agallas comienzan a escurrir y las hormigas de miel con ansia consumen ese azúcar de agalla.

Estas hormigas tienen un abdomen en que pueden transportar el azúcar de agalla de vuelta a su colonia. Ahí lo almacena otro grupo de obreras especiales. Sus cuerpos de hecho son tanques de almacenamiento para el néctar que traen las demás obreras. Estas hormigas especiales cuelgan del techo y actúan como la despensa de la colonia. Su abdomen se estira hasta que se hincha tanto como el tamaño de una uva. Si caen del techo al suelo, cosa muy frecuente, estallan al hacer contacto.

Cuando llega el invierno y no hay néctar disponible de las agallas o las plantas de yuca, las otras hormigas estimulan a las obreras almacenistas con sus antenas. Así escupen néctar, un poco a la vez, hasta que se vacían.

Los antiguos pobladores de México y Estados Unidos solían cavar en los hormigueros de estas hormigas, tomar a las obreras que contenían néctar, y usarlo para comer o tratar enfermedades. En Australia, los aborígenes sacan a las obreras y les muerden el abdomen para extraer su néctar.

Nadie sabe cómo las hormigas contenedoras son elegidas para su labor. Las llaman a una labor especial y la cumplen.

Jesús nos ha llamado a ser sus hijos e hijas. Así como todos los niños y niñas tienen tareas en su hogar, él nos ha encargado una labor: amar y compartir su amor con los demás. Nos ha elegido. Qué privilegio, que nos haya elegido Jesús. Agradécele hoy que te ha elegido para ser de él.


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