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Nematodo del pino

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No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor, S. Mateo 5: 17.

Desde que el pecado entró al mundo, parece que no tiene fin la cantidad de cosas destructoras. Hace unos 40 años una peste llamada roya ampulante recorrió los Estados Unidos. La provocaba un hongo que transportaba un escarabajo; infestaba los pinos y los mataba. Durante una parte de su ciclo de vida, esos escarabajos se alimentaban de plantas de grosella espinosa silvestres, así que el Servicio Forestal contrató jóvenes y señoritas que fueran a los bosques a talar los arbustos de grosella espinosa, para interrumpir el ciclo de los escarabajos.

Hoy existe una peste nueva llamada nematodo de la madera del pino, que hace estragos en los bosques de Norteamérica y Japón. El nematodo del pino ha sido un grave problema en Japón desde hace años, pero en Norteamérica es relativamente nuevo. Los pinos se marchitan hasta que mueren mientras todavía tienen sus vainas. Esta enfermedad la causa un parásito pequeño del género Monochamus. Los entomólogos (científicos de insectos) americanos no lo conocían, hasta que un patólogo (científico de los tejidos celulares) japonés visitante sugirió que sumergieran un trozo de madera muerta en agua. Le hicieron caso, y cientos de nematodos flotaron a la superficie.

Estos pequeños parásitos se trepan al escarabajo Monochamus Sutor adulto, al meterse a sus poros y moverse hasta sus conductos respiratorios. Cuando el escarabajo se aloja en la corteza, los nematodos lo abandonan y entran al árbol. Llegan hasta el núcleo del árbol y entran al floema; así interrumpen el flujo de savia a las ramas y el tronco. Cuando el clima es más cálido, nacen y se desarrollan en apenas cinco días. Cuando una considerable cantidad de nematodos ha comido las capas de corteza en que fluye el floema, el árbol muere. Los nematodos se dedican a destruir, pero Jesús dijo que vino, Y a destruir, sino a sostener y cumplir.

Su ley, los Diez Mandamientos, nos enseña a vivir. Dios te ayudará a incorporar estos principios a tu estilo de vida si se lo pides hoy.


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