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Los pecaríes

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A cierta distancia de allí había muchos cerdos comiendo, y los demonios le rogaron a Jesús: «Si nos expulsas, déjanos entrar en esos cerdos». Jesús les dijo: «Vayan», S. Mateo 8: 30-32.

Todos recordamos el relato bíblico de los endemoniados y cómo los espíritus diabólicos, a la orden de Cristo, se metieron a los cerdos, que luego corrieron hacia el lago y se ahogaron. Tuve el privilegio de ver ese lugar histórico. Era muy árido.

Al Sur de Estados Unidos y en Centro y Sudamérica encontramos cerdos salvajes llamados pecaríes. Son miembros de la familia de los cerdos. Tienen pelo gris como de cerdo y hocico de cerdo. Su pezuña delantera tiene dos dedos y la posterior, tres.

Estas criaturas corren en bandas. Cuando se aproxima un peligro, retroceden en círculo, como el buey almizclero, y se defienden. Pueden destrozar a un perro, coyote o lobo con sus largos dientes que parecen cuernos.

El pecarí de collar tiene una franja blanca sobre sus hombros. Se ha sugerido que cuando viaja, marca su rastro con el aroma de una glándula que tiene en su lomo. Esa glándula secreta un olor que se queda en los arbustos cuando pasa por ahí.

Los pecaríes comen todo tipo de bayas, tunas, hierba, bellotas, raíces y semillas de mezquites. Una camada suele consistir de dos cerditos, pero puede haber más. Al nacer tienen un color pardo rojizo, y en cuestión de horas ya pueden correr más rápidamente que un humano. Con la piel del pecarí se hacen guantes y chaquetas de buena calidad.

En una ocasión, Jesús maldijo a los cerdos como impuros, y en otra, permitió que los espíritus malignos entraran en cerdos para que se ahogaran. Gracias a Dios porque nos dio instrucciones sobre lo que podemos comer. Sabe lo que nos conviene porque nos creó.


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