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Las aves conocen su rumbo

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Grande y maravilloso es todo lo que has hecho, Señor, Dios todopoderoso, Apocalipsis 15: 3.

Uno de los misterios que los científicos no han podido comprender totalmente es la migración de las aves. Se calcula que aproximadamente 20 millones de aves migran de los climas fríos del norte a los climas cálidos del sur cada año. Aves tan pequeñas como el colibrí y tan grandes como el gavilán colirrojo participan en la migración.

Algunos de los misterios sin resolver son varios «cómos»: ¿Cómo saben las aves cuál dirección deben seguir? ¿Cómo pueden quedarse en curso durante el viaje? ¿Cómo encuentran el mismo sitio año con año? Durante el día, cuando la luna no se ve, ¿cómo ajustan su curso las palomas y vuelan de acuerdo a la posición de la luna? Algunos investigadores hasta creen que las aves navegan mediante el olfato; otros, mediante el oído. ¿Será que algunas aves reconocen puntos de referencia, como montañas? ¿Otras navegan de acuerdo a la dirección del oleaje oceánico? ¿Cómo saben las aves cuándo despegar y migrar? ¿Saben qué hora es gracias a sus relojes internos?

Los científicos también descubrieron que las palomas y los gorriones corona blanca se pueden confundir con las transmisiones de una torre de radio. Estas aves tienen una especie de detector magnético en sus cuellos que evidentemente los ayudan a volar, como un piloto que usa los instrumentos de un avión. Aves como los colimbos, las grullas, las gaviotas, los pelícanos, las golondrinas, los vencejos, los gansos y ciertos patos, viajan durante el día. Aves más pequeñas como las mosquetas, los gorriones, los orioles, las currucas, los mirlos y los vireos, viajan de noche.

Dios es un gran creador y podemos depositar nuestra confianza en él. Creó no solamente el maravilloso cuerpo humano, sino a todas las criaturas, con misterios que no podemos entender. Agradece hoy a Dios por el mundo que creó para tu deleite.


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