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Agua, agua por todos lados

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El espíritu de Dios se movía sobre el agua, Génesis 1: 2.

Cuando Dios creó la tierra, el agua fue un elemento muy importante. Sería difícil que existiera vida como la conocemos, 3 sin agua.

El agua es probablemente la sustancia más común de esta tierra. Una vastísima porción del planeta está cubierta de agua. Nos rodea por doquier: en lagos, arroyos y océanos; bajo el suelo y en las nubes. Hasta nuestros cuerpos son 70% agua.

El agua es muy necesaria en nuestro mundo. Casi todas las criaturas vivientes la necesitan. El agua evita que la temperatura de la tierra sea excesivamente calurosa o fría. Usamos agua para regar, generar electricidad, beber, limpiar y bañarnos, divertirnos, y en la industria. Muchos disfrutamos el agua cuando nadamos, navegamos, hacemos esquí acuático, o simplemente nos mojamos. Es muy refrescante y también higiénica.

China, Estados Unidos y la India son los países que más agua consumen (38% del total mundial). El agua tiene un proceso de reciclaje natural. Las nubes llevan el agua, luego cae la lluvia, el suelo absorbe el agua, se filtra al subsuelo y llega a los lagos, estanques, arroyos y pozos. De los cuerpos abiertos de agua, se evapora al cielo gracias a los cálidos rayos del sol, y al enfriarse, se forman nubes, y el ciclo vuelve a iniciar.

Son tres los estados del agua: líquido, sólido y gaseoso. En estado sólido la llamamos hielo. Cuando está líquida la conocemos como agua, y en estado gaseoso se llama vapor. No hay otra sustancia que pueda pasar por esos tres estados naturales. El agua está hecha de muchas moléculas diminutas, y cada una se forma de otras partículas, más pequeñas, llamadas átomos. Cuando dos átomos de gas hidrógeno encuentran un átomo de oxígeno, forman una molécula de agua. De ahí su fórmula química, H2O.

Debemos agradecer a Dios por el agua y cuidarla, porque dependemos de ella.


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