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Aves que caminan sobre el agua

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«Ven», dijo Jesús. Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús, S. Mateo 14: 29.

El achichilique occidental es como del tamaño del pato azulón. Cuando dos achichiliques se encuentran, realizan una ceremonia llamada abalanzamiento, al caminar sobre el agua a gran velocidad. Continúan durante un rato y luego se zambullen. Si un macho y una hembra se abalanzan, quizá vuelvan a salir del agua con algunos carrizos en sus picos. Hacen otro pequeño ritual con sus picos al aire mientras cuelgan los carrizos. Luego patalean de frente, chocan sus pechos y nadan a un conjunto de carrizos, para comenzar a construir sus nidos.

El macho ayuda a la hembra a aplanar los carrizos para el nido. Es muy fiel a la hembra y la familia mientras crecen los polluelos. Ayuda a la hembra a incubar los huevos, que son de color azul pálido. Cuando nacen esos tres o cuatro polluelos, trepan a las espaldas de sus padres y se meten a un bolsillo de plumas que se encuentra entre las alas y el cuerpo. La hembra es quien los carga casi siempre. Al salir nadando de las totoras con su familia, el macho se adelanta. Atrapa algunos peces con los que alimenta a sus polluelos.

Los achichiliques se llaman entre sí. El macho o la hembra distinguen el llamado de su pareja entre muchos y nadan hacia su origen, aunque sea una grabación.

Jesús dio a Pedro la invitación de que caminara sobre el agua, y Pedro aceptó la oportunidad. Le fue bien hasta que retiró su vista de Jesús; entonces comenzó a hundirse. Jesús nos invita a ir a él. Quizá no nos invite a caminar sobre el agua para llegar, pero nos invita de otras maneras. Hoy en tu oración a Dios, dile que con gusto aceptarás su invitación e irás a él, para vivir eternamente a su lado.


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