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Cola de caballo

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La gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en la barca, y llegó el diluvio y todos murieron, S. Lucas 17: 27.

En las capas de carbón bajo la tierra, los geólogos han encontrado impresiones fósiles de las hojas de las plantas que hoy llamamos colas de caballo. Al parecer, antes del diluvio eran arbustos muy grandes y responsables de mucho del carbón que se extrae hoy.

Las colas de caballo se encuentran en todos los continentes excepto Australia. Crecen en todas partes y son muy benéficas, porque cubren zonas donde no crecen otras plantas, y así evitan que el suelo se erosione. En muchas regiones, las colas de caballo alcanzan un metro de altura, pero su altura promedio varía entre 45 y 60 centímetros.

La cola de caballo se erige con un tallo articulado. De esas articulaciones crecen las hojas. Estas tienen un depósito como cristalino de silicio en algunas células que funciona bien para limpiar. Los indígenas y los colonos extranjeros usaban esas raíces para curar sus ollas y sartenes. Algunos investigadores se preguntan si la gente que vive en áreas remotas todavía usa las colas de caballo.

Hay 15 variedades de colas de caballo en Norteamérica, a partir del norte de México. Los brotes aéreos de las plantas son de dos tipos: ramas vegetativas que tienen matas en los nodos, y ramas reproductivas que tienen pequeños conos en sus puntas. Los conos liberan esporas unidas a cuatro eláteres delgados como hilos, que se enderezan rápidamente, de acuerdo al contenido de humedad en el aire. Estos movimientos ayudan a liberar las esporas, que producen nuevas plantas en junio y julio de cada año.

Las colas de caballo convertidas en carbón son de los recursos que Dios ha hecho para nuestro uso. Aprovechemos esos recursos naturales sabiamente. Pide a Dios que te ayude a ser buen mayordomo de nuestros recursos naturales hoy.


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