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Volando alto

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Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 1Tesalonicenses 1:17.

Cuando tenía 11 años, le pidió a la NA?A una oportunidad de volar al espacio; a los 29 años fue aceptado al programa, y a los 36 fue asignado a un viaje.

Así, el costarricense Franklin Chang Díaz cumplió su sueño de volar muy alto. En total, participó en siete misiones y realizó dos caminatas espaciales.

Cuando, en 1963 la NASA contestó su carta en español, le hizo saber que solo podían participar ciudadanos estadounidenses. Entonces Franklin juntó unos pocos dólares, voló a los Estados Unidos, aprendió inglés, estudió ingeniería en la Universidad de Connecticut, y en el Instituto Tecnológico de Ingeniería Nuclear y de Plasma, en Boston, Massachusetts.

Luego de naturalizarse, fue aceptado por la NASA, y en 1986 viajó al espacio en el transbordador Columbia. En 2005, formó la empresa AD ASTRA Rocket Company, “Hacia las Estrellas”. Hoy trabaja en un proyecto que reduciría un viaje a Marte a 39 días, en vez de casi un año.

Franklin Chang Díaz ha recibido muchos premios. Algunos de ellos son el Premio de Alumno Sobresaliente de la Universidad de Connecticut (1980); la Medalla de Vuelo Espacial de la NASA (1986, 1989, 1992, 1994); la Medalla por Servicio Excepcional de la NASA (1988, 1990, 1993); y el Premio por Proezas de Vuelo de la Sociedad Astronáutica Estadounidense (1989). También ha recibido tres Doctorados Honoris Causa.

Franklin no viajó al espacio solo porque soñó y llamó a las puertas de la NASA. No, entre el sueño y el primer vuelo hubo mucho esfuerzo y dedicación, mucha privación de placeres juveniles. El astronauta Franklin Chang Díaz es doctor en Ciencia de la Universidad de Connecticut y doctor en Leyes del Colegio Babson.

Al comienzo de este año, te propongo el sueño de perseguir la excelencia, y un sueño más ambicioso que volar para la NASA: un vuelo más alto, el vuelo de la vida por fe, hasta que un día, en pos de Jesús, nos remontemos más allá de las galaxias, hasta llegar adonde todo es vida, gozo y amor.


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