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Fe

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He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Daniel 3:17, 18.

El pastor Joseph Ton fue arrestado por la policía de Rumania por predicar ypublicar sermones en contra de la filosofía del gobierno. Cuando un oficial le exigió que dejara de predicar, él replicó:

- ¡No, señor! No lo haré.

   El oficial le preguntó:

- ¿Acaso no sabes que tu vida está en mis manos y que puedo usar las más temibles torturas y aun puedo matarte?

El pastor Ton replicó:

-Señor, permítame explicarle: Su arma suprema es matar.

Mi arma suprema es morir... Mis sermones se han esparcido por todo el país. Cuando usted me mate, esos sermones quedarán cubiertos con mi sangre. Ellos hablarán diez veces más fuerte después de mi muerte, porque todo el mundo dirá: ‘Ese predicador tenía razón, pues selló el mensaje con su propia sangre’. Máteme. Cuando usted lo haga, obtendré la victoria”. El oficial lo dejó libre.

Cierta vez, Ananías, Misael y Azarías, tres jóvenes judíos deportados a Babilonia, también fueron amenazados con la muerte, y fueron ejecutados, pero no murieron. El emperador Nabucodonosor II había levantado una gran estatua de oro y ordenó que todos la adoraran. El que desobedeciera sería echado en un horno ardiente. Y “todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado” (Dan. 3:7).

Pero estos jóvenes no se postraron. El rey mandó llamarlos y les preguntó: “Estáis dispuestos a postraros y adorar la estatua que levanté? Porque si no la adoráis, en esa misma hora seréis echados en un horno de fuego ardiendo. ¿Y qué dios os librará de mis manos?" (vers. 15). Ellos respondieron: “Acerca de esto, no necesitamos responderte. Nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego. Y de tu mano, oh rey, nos librará. Y aunque no nos librara, sepas, oh rey, que no adoraremos a tu dios, ni la estatua que has levantado” (vers. 16-18). Entonces los echaron al fuego, pero no se quemaron; al contrario, Jesús los acompañó en el horno.

¡Qué modelo de heroísmo ante las pruebas!

No tengas temor de los que se oponen a tu fe, porque se oponen a tu Dios, y quien se opone a tu Dios está vencido.


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