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Amor

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Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera. Cantares 2:7

 

El amor es el mejor de todos los dones. Si ya te enamoraste, estarás de acuerdo conmigo. El amor es un misterio, y el enamoramiento también. Cuando yo tenía diez años, una niña me tomó desprevenido y me dio un beso en la mejilla. Lleno de indignación, la seguí para golpearla por su atrevimiento, pero no pude alcanzarla. Cinco años después, esa niña intentó besarme otra vez, y todo fue diferente.

La atracción física y el enamoramiento son dones de Dios a los seres humanos. Inspirado en este precioso don, escribí este soneto:

Romance

Mujer, cuando te vi por vez primera

sentí la posesión del sentimiento

y la cautividad del pensamiento,

el brío de la hormona tempranera.

 

Recuerdo aquella tarde en la pradera

que sucedió la dicha del momento,

y te consideró mi entendimiento

como una floración de primavera.

 

Pasabas cual gacela distraída,

y al verte deambular, maravillado,

sentí la entraña mía florecida,

y atónito, feliz, alucinado,

te dediqué las fuerzas de mi vida,

estaba para siempre enamorado.

Hoy, cuando el amor se ha abaratado y bestializado, te toca el turno de enamorarte por primera vez. Procura enamorarte de una persona del sexo opuesto al tuyo, de alguien que no sea de tu familia, pero sí de tu fe.

No reprimamos el amor, no lo hagamos tardar, no pospongamos ese momento sublime para el que no tenemos palabras ni explicaciones. Lo que sí debemos posponer hasta que hayas madurado es el matrimonio, la sociedad más importante y exitosa. Enamórate, y que Dios te bendiga.