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Nobleza

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Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre. Salmo 37:27.

Desde pequeños, mis hijos han jugado fútbol, básquetbol y fútbol americano. Uno de ellos se quebró un dedo del pie jugando fútbol, se dislocó una rodilla jugando básquetbol, y le quebraron una costilla jugando fútbol americano. Dice que escuchó tronar la costilla cuando un jugador le cayó encima. Ninguno de los jugadores que lo lesionaron le hizo mucho caso. No eran como Salomón Rondón, el futbolista venezolano del West Bromwich Albion que, el 21 de enero de 2018, en vez de patear la pelota, pateó a James McCarthy, le quebró dos huesos y se puso a llorar.

Su compañero Gareth Barry le había dado un pase, pero McCarthy, jugador del Everton, punteó la pelota en el preciso instante que Rondón chutaba. Salomón Rondón oyó el sonido de los huesos quebrados, y corrió a buscar al árbitro para que su rival fuera atendido. Ante la pasividad del réferi lo presionó para que se detuviera el partido. Luego, mientras los equipos médicos de ambos conjuntos atendían a McCarthy en el campo, Rondón lloraba por lo que había pasado.

No es la primera vez que Salomón Rondón manifiesta su espíritu deportivo. En octubre de 2015, durante un encuentro entre el West Brom y el Sunderland, el jugador DeAndre Yedlin fue a buscar de cabeza un balón que Rondón se disponía a controlar con su cuerpo. El salto de Yedlin fue tan elevado que terminó golpeando con sus piernas la espalda del venezolano, y al perder el equilibrio, se fue de cabeza hacia el suelo. En vez de molestarse por el golpe recibido, Rondón reaccionó de inmediato, agarró a su rival por la cintura y con un rápido movimiento de manos le dio vuelta para evitar el contacto con el césped. La acción terminó siendo viral en las redes sociales.

La nobleza de Salomón Rondón demuestra que se puede competir con honor. Alguien dijo una vez: 'Si quieres conocer a alguien, míralo en el campo de juego". En el campo de juego, el mundo conoció a Salomón Rondón, un modelo de juego limpio, de humanismo y de espíritu cristiano, porque quien se comporta de esa manera en un lugar donde se lucha con uñas y dientes, algún rasgo tiene del Hombre perfecto, nuestro Señor Jesucristo.