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Bondad

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Bienaventurado el que piensa en el pobre. Salmo 41:1.

Xi es un personaje muy poderoso, pero vivió en una cueva. Era 1968 y en A China comenzaba la Revolución Cultural comunista.

Según reportes del periódico argentino La Nación, el padre de Xi, el ex viceprimer ministro Xi Zhongxun, había sido acusado de acciones en contra del Partido Comunista. Entonces el joven fue alejado de la situación política de la capital, y durante siete años vivió en una cueva. Es el actual presidente de China, XiYinping.

Vivir en una cueva no es raro en China. Cerca de treinta millones de personas viven así. Las cuevas son frescas en verano y tibias en invierno. En la provincia de Xaanxi, algunas cuevas tienen agua corriente y electricidad.

Por su parte, en Egipto hay gente que vive en cementerios. “Un millón de personas se acomodan en los camposantos ante la escasez de vivienda en Egipto”, decía el titular del periódico El País el 7 de abril de 2007. Y agregaba: “La escasez de pisos apartamentos] asequibles confina a quince millones de egipcios a vivir en infraviviendas, algunas tan insólitas como barcas de pesca en el Nilo, chamizos levantados sobre las azoteas o panteones en los cementerios”. La prensa local estima que dos millones de egipcios viven en cementerios.

Vivir permanentemente en cuevas o en cementerios no es una experiencia agradable, sino una medida extrema. La riqueza está mal distribuida en el mundo, y la vivienda escasea.

Si tienes un techo sobre tu cabeza, dale gracias a Dios. Si tienes tu propia recámara, alégrate. Consérvala limpia, no escondas la basura bajo la cama.

Dios quiere que tengas un lugar digno para vivir aquí, y te ha reservado un lugar glorioso en el cielo. Mientras tanto, piensa en el pobre. Ahorra para que cuando vayas a la iglesia des una buena ofrenda en favor de los que no tienen techo. Sobre todo, sé generoso cada décimo tercer sábado, para que los proyectos de la escuela sabática en beneficio de los pobres se puedan realizar. No vaya a suceder como ocurrió hace tiempo en Guyana. Les correspondía recibir esta ofrenda, tenían un proyecto humanitario, pero no lo pudieron realizar porque recibieron muy poco dinero. A Dios le gusta compartir, y el que comparte se parece a él. Comparte tú.