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Vida

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El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Juan 11:25.
EL 11de febrero de 2015, Madison Baird se subió a su bicicleta y salió hacia su escuela ubicada en College Place, Washington, un pueblito de mayoría adventista. De pronto, por esa calle poco transitada pasó una camioneta y la arrolló. Al día siguiente Madison murió. Tenía veinte años.
Todos los que conocieron a Maddy, como la llamaban los estudiantes, comentaron que para ella todas las personas eran importantes, todas merecían sentirse amadas. Su alma rebosaba de compasión. A la tierna edad de seis años escribió en su diario que algún día iba a fundar un orfanato.
Maddy pasaba sus vacaciones ayudando a la gente en lugares remotos. Sus padres organizaban viajes misioneros en favor de los que sufren. Maddy ansiaba conocer a todos, porque es así como se propaga el amor de Jesús, mediante relaciones de amistad y amor cristiano.
El 12 de febrero de 2015, Maddy fue apartada de la fealdad de este mundo. Mientras nosotros nos despertamos cada mañana para andar de puntillas en este mundo traicionero y hostil, Madison Baird está en un sueño profundo, a salvo de las asechanzas del infernal adversario, en espera del glorioso retorno de su Amigo Jesús.
La muerte de Maddy conmocionó y paralizó a la comunidad universitaria adventista de Walla Walla, de la que formó parte. Había grupos de oración por todo el plantel. Muchos lloraban. Catedráticos y estudiantes vieron el impacto que hizo Maddy en muy poco tiempo y con un solo recurso: el amor de Jesús. Les hizo ver que amar a la gente no es difícil. Les ayudó a entender que Jesús es el Amigo incondicional, y que el amor al prójimo es fuente de gozo.
La pérdida de esta jovencita no derrotó a los estudiantes de Walla Walla; al contrario, aumentó su expectativa del retorno de Jesús, cuando todos, libres del pecado, caminarán con él y con Madison Baird por las calles de la Nueva Jerusalén. Y tú también.
Que este sea un año lleno de amor.