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Castidad

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Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada. Cantares 4:12.

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:

yo porque tú eras lo que yo más amaba,

y tú porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo;

porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,

pero a ti no te amarán nunca como te amaba yo.

Así, el poeta Ernesto Cardenal aborda el tema de la capacidad de amar. Si administras tu capacidad de amar, llegarás al matrimonio pleno de amor, para darle a tu cónyuge lo mejor de ti. Pero si vas esparciendo tu capacidad de amar de relación en relación, cuando llegues a la cámara nupcial ya no tendrás que dar más que los despojos del amor, y el acto matrimonial no tendrá el elemento de expectación y descubrimiento que debería contener.

Hay una fascinación en el primer encuentro sexual que solo quienes han sabido esperar hasta el matrimonio pueden experimentar. La castidad paga bien.

El esposo de El Cantar de los Cantares hace referencia a la castidad de la esposa cuando dice: “Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada” (Cant. 4:12).

Todo en el amor es voluntario. Nada ha de ser arrebatado. Por eso la esposa le dice: “Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta" (vers. 16). Ella es el huerto, y es la fruta.

Estos son tiempos de revolución sexual, pero no como la de los baby boomers de la década de 1960; esta es más atrevida. Aquella fue una revolución sexual entre heterosexuales, esta incluye otras combinaciones. Pero los principios no dependen de modas. Son eternos e inmutables.

Vive tu castidad con honor, no te sientas anticuada ni puritana, sé una mujer que mira a los ojos porque no ha rebajado su dignidad. Y tú, sé hombre. Es fácil ser varón, lo difícil es ser hombre, porque el varón nace, pero el hombre se hace. Cuida el honor de tu novia.