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Eternidad

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La dádiva de Dios es vida eterna. Romanos 6:23.

En 1951, Henrietta Lacks murió de cáncer cervical, pero Henrietta no murió del todo. Una parte de su tumor fue retenida porque las células se multiplicaban. Era lo que los genetistas habían buscado durante muchos años. Les dieron el nombre de células HeLa, por las dos iniciales del nombre y apellido de Henrietta Lacks.

Las de Henrietta Lacks fueron las primeras células humanas inmortales que crecieron en un laboratorio.

¿Por qué son tan importantes estas células? “Hay muchas situaciones en las que necesitamos estudiar tejidos o patógenos en el laboratorio. El ejemplo más clásico es la vacuna de la polio. Para desarrollarla era necesario que el virus creciera en el laboratorio y para eso se requerían células humanas”, dice John Burn, profesor de Genética de la Universidad de Newcastle, Inglaterra. La poliomielitis es incurable, pero se puede prevenir. Un esfuerzo para erradicarla ha logrado una reducción de unos 350.000 casos estimados en 1988 a 42 casos en 2016.

Las células HeLa también viajaron al espacio exterior, para que los científicos pudieran anticipar qué le pasaría a la carne humana en gravedad 0, y el ejército de los Estados Unidos ha puesto frascos de células HeLa en lugares en los que hacían experimentos atómicos. Además, fueron las primeras en ser compradas, vendidas, empacadas y enviadas a miles de laboratorios de todo el mundo, algunos de ellos dedicados a experimentar con cosméticos, para asegurarse de que sus productos no causaban efectos secundarios indeseados.

El hallazgo de las células HeLa es una de las cosas más importantes que le ha sucedido a la ciencia, según muchos expertos.

No fue sino hasta 1973 cuando la familia Lacks se enteró de que las células de Henrietta aún estaban vivas. Un día un investigador de postdoctorado llamó al esposo de Henrietta, quien no había terminado la escuela y no sabía qué era una célula, y le dio la gran noticia.

Así que no es tan difícil creer en la inmortalidad. Cristo dijo que nos va a dar vida eterna, pero no mediante las células de un tumor sino por medio de su Palabra y por su sangre. Pero muchos no lo saben. Hay que darles la gran noticia.