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Humanidad

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Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22:39.

Si te gusta viajar, pero no has podido salir de tu ciudad o de tu país, quiero decirte que solo con vivir en la Tierra ya eres un gran viajero. Y no viajas solo: te acompaña tu familia, la humanidad, porque girando alrededor de su eje, como un trompo lanzado por Dios hacia el espacio, va la Tierra, a 460 metros (500 yardas) por segundo, calentándose de día y enfriándose de noche, en relación con el Sol.

A 30 kilómetros (18.5 millas) por segundo viaja la Tierra alrededor del Sol. A 230 kilómetros (143 millas) por segundo, van la Tierra y el Sistema Solar alrededor de la Vía Láctea. Y junto con otras galaxias va la Vía Láctea en su viaje de 583 kilómetros (361 millas) por segundo, surcando el infinito.

En esa eterna travesía va la Tierra, girando con su carga de antros y cementerios, de casinos y bombas, con sus ríos de sangre, con sus bancos y sus políticos. Pero también con sus cunas y templos, con sus madres piadosas y sus hombres virtuosos. Lleva mucha putrefacción, pero también mucha fragancia.

Sí, somos Caín, pero también Abel. Todos somos puntadas en el tejido humano. Tenemos una casa, solo una: la Tierra. Somos una sola familia, la humanidad, aunque lo nieguen los supremacistas. Amemos esta casa. Cuidémosla. Cien mil millones de estrellas nos contemplan. Amemos a esta familia. El Creador observa y califica nuestra actitud hacia ella. A los que luchan por preservarla, por amor a él, les dará vida eterna. Solo a ellos.

Cada hombre es responsable de una “Flor”. “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”, dijo El Principito. La rosa representa tus relaciones humanas. “Solo con el corazón se puede ver bien”, afirmó también. No mires lo superficial ni juzgues según las apariencias. Bajo un vestido sencillo puede palpitar un corazón piadoso.

Haz sentir valiosa a cada persona. Es tu compañera de viaje, del viaje en el espacio y en el tiempo, del viaje de la vida. Ese viaje no es el de un planeta extraviado, carente de rumbo y de destino; es el viaje hacia la eternidad, porque Dios lo dirige. Cuán maravilloso es el Genio que creó el universo, y que puso a la Tierra a danzar el himno de la vida.