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Afabilidad

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Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene. Proverbios 25:11

Una de las experiencias más agradables de mi infancia y juventud era visitar U a mi tía Inés. Ella siempre estaba de buen humor. Nos observaba como estudiando nuestra personalidad, detectaba lo mejor y se deshacía en elogios. No mentía, no fingía; amaba y lo expresaba.

Mi tía Inés hacía sus quehaceres cantando, aunque tuviera que sacar el agua del pozo, lavar la ropa a mano, planchar, limpiar la casa y el patio con la escoba, hacer las tortillas de maíz, cocinar y cuidar a cinco hijos.

Mi tía Luz y mi tía Jerónima eran igual de encantadoras. Mi madre también además era una hábil mediadora. En su presencia todo era paz y alegría.

Otra experiencia casi gloriosa consiste en conversar con Dorothy. Cierta vez Dorothy estaba internada en el hospital porque las complicaciones de una grave enfermedad exigían que le amputaran la pierna. Fuimos a visitarla. Cuando salimos de la habitación, todos queríamos ser como Dorothy. En vez de motivarla a vivir, ella nos había animado a ver solo las rosas de la vida, aunque los rosales de nuestra experiencia tuvieran espinas.

Las personas positivas son un deleite para el espíritu. Te acarician el alma, la entibian cuando tienes frío emocional, y te abrazan, aunque no te toquen.

Jesús era una persona positiva. Le dijo a Natanael que era un buen israelita, un hombre transparente (ver Juan 1:47). Natanael se había expresado mal de Nazaret. Insinuó que si Jesús provenía de ahí no podía ser un buen hombre, mucho menos el Mesías, pero Jesús no contraatacó. De Zaqueo, el deshonesto publicano, Jesús habló lo poco bueno que se podía decir de él. No lo llamó depredador de su pueblo sino hijo de Abraham (ver Luc. 19:9).

Jesús tenía la virtud de ver a las personas como podían llegar a ser, abrazadas por su amor.

Un grave error al tratar con la gente consiste en hurgar en lo peor de su carácter, en juzgarla y desecharla, en vivir en guardia ante un posible ataque, en practicar lo que dice el refrán popular: “El que pega primero pega dos veces".

Que Dios te conceda hoy la actitud de Jesús hacia la gente, que puedas ver lo bueno que hay en ella, y lo gloriosa que puede ser su vida si conoce a Jesús.