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Curiosidad

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Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Salmo 19:1

Estaba Sir Isaac Newton sentado bajo un manzano, y de pronto una fruta le cayó encima. El sabio se preguntó por qué las cosas caen hacia el centro de la tierra, y descubrió la ley de la gravitación universal. Alexander Fleming, quien era muy distraído, se fue de vacaciones y olvidó una serie de placas de petri con cultivos de bacterias que dejó al aire libre en el laboratorio. Cuando volvió, la placa estaba llena de moho, y cuando las miró al microscopio por simple curiosidad, descubrió que el moho había matado a las bacterias. Por curiosidad había descubierto la penicilina.

La curiosidad es útil. Sin embargo, Agustín de Hipona, personaje de gran influencia en el pensamiento católico, dijo acerca de ella: “Existe otra forma de tentación; aún más cargada de peligro. Esa es la enfermedad de la curiosidad. Es ella la que nos impulsa a querer descubrir los secretos de la naturaleza, esos secretos que están más allá de nuestro entendimiento, que no nos proporcionarán ninguna ventaja, y los cuales el hombre no debería desear aprender”.

No comparto la idea de Agustín acerca de la curiosidad. Es la curiosidad lo que impulsa al ser humano a observar y escudriñar en la naturaleza y en el interior de su cuerpo, de donde se han copiado casi todos los inventos que hacen la vida cómoda.

Por supuesto, no se trata de estimular la curiosidad por saber lo que hacen las personas en su vida privada. Eso es morbo, un grave defecto. Se trata de la curiosidad por aprender cosas nuevas, pues el libro de la naturaleza está abierto ante nuestros sentidos; en realidad, vivimos entre sus páginas. Es natural que procuremos conocer y entender mejor la naturaleza, porque nos habla de su divino Creador.

Tal vez la curiosidad no sea un valor, pero es un recurso con el que nuestro Creador nos ha dotado para conocer el mundo y el universo en el que estamos inmersos. Con 300.000 trillones de estrellas y casi dos mil millones de galaxias, más de 60 mil clases de árboles y 8,7 millones de especies de animales, ¿cómo ser indiferentes a este despliegue de grandezas que nos rodean y que influyen en nuestra vida?