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Tolerancia

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¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Juan 1:46.

Cuando Cristo estuvo en la tierra fue cuestionado por su origen: "¿De Nazaret puede salir algo de bueno?" (Juan 1:46). Por su ocupación: “¿No es este el hijo del carpintero?" (Mat. 13:55). Por su nacionalidad: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?" (Juan 4:9).

Le negaron la justicia por no ser político: “Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?" (Juan 18:35). La justicia no tiene nacionalidad. “Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas... Entonces Herodes con sus soldados le menospreció” (Luc. 23:8-11). La justicia no se compra con favores. Ninguno lo libero.

Pero Cristo amo a todos. Convivió con romanos y judíos, samaritanos y fenicios; con ricos y pobres, sabios y rústicos; con hombres y mujeres, esclavos y niños. Se acercó a los despreciados. Lavó los pies de los que no quisieron lavárselos a él. Y murió entre delincuentes. Amo, aunque no lo amaran. Vivió por encima del prejuicio y del miedo al qué dirán. Dijo en vez de contraatacar: “Amad a vuestros enemigos... para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mat. 5:43-45).

En un restaurante de los Estados Unidos entró la tripulación de un barco pesquero, todos anglosajones y solo un hispano. Los meseros se apresuraron a atenderlos, pero le dijeron al hispano que esperara hasta el final. Cuando llegó su turno, el mesero lo condujo a la mesa donde los ruidosos marineros estaban terminando de comer, y mientras lo atendía le preguntó quién era. El hispano contestó: “Soy el dueño del barco”.

Muy pronto, el Dueño del barco de la historia nos llevará a un lugar donde hay plena aceptación social: al cielo. Ahí nadie lo dejará al último. Ahí todos nos afanaremos por servirlo, porque él es el dueño del barco de nuestra vida. Blancos y negros, musulmanes y judíos, hutus y tutsis, bosnios y kosovares, republicanos y demócratas, seremos un solo pueblo y una sola familia.