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Vida

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Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados. Mateo 11:28.

Cuando te ataque el pánico, refúgiate en Jesús. Cuando te canses de vivir corre hacia él, porque él es la Vida. No hagas lo que hizo gran parte del pueblo alemán en 1945, en el fragor de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando la victoria final tantas veces anunciada por Adolfo Hitler parecía imposible, y el Ejército Soviético acechaba, una ola de suicidios recorrió Alemania entre enero y mayo de 1945. Los historiadores calculan que entre 10.000 y 100.000 personas se quitaron la vida. Muchas mujeres se suicidaron antes que ser ultrajadas por los soldados enemigos, quienes abusaron de un millón de mujeres alemanas.

Los padres primero mataban a sus hijos. Es lo que hizo Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda y Canciller en los últimos días del III Reich. Junto con Magda, su esposa, envenenó a sus seis hijos, y luego se mataron. Otro que se quitó la vida fue el jefe de las temibles SS, Heinrich Himmler. La historia consigna que el primer causante de la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler, y su mujer, Eva Braun, también se suicidaron.

Bärbel Schreiner, una niña de seis años estuvo a punto de caer víctima de esa locura colectiva, pero su hermano consiguió que su madre no hiciera con los dos niños lo que tantos padres hacían en esos días, imitando a los líderes políticos. “Mamá, nosotros no, ¿verdad?”, recuerda Bärbel que dijo su hermano, mientras observaba el río Peene, repleto de cadáveres. “Todavía me acuerdo el agua, enrojecida por la sangre. Sin esas palabras, estoy convencida de que mi madre nos habría ahogado a los dos”.

A esos extremos puede llegar la desesperación. Cuando la sociedad es privada del conocimiento de Cristo, plenitud de la gracia y del amor, sobrevienen las tinieblas, la crueldad de los fuertes y la angustia de los débiles, y el mundo se torna escenario de locura colectiva.

Luego de dos milenios, los ecos de la invitación del Redentor de la humanidad siguen resonando. ¡Entrega tu vida a Jesús!