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Convicción

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Acuérdate de santificar el sábado. Éxodo: 20:8 (BJ).

El sábado es el día de Dios. Todos los días son suyos, pero el sábado es especial. Él lo instituyó en la creación y lo incluyó en su ley escrita. Jesús dijo que el sábado existe para beneficio del hombre.

El sábado es también uno de los emblemas del adventismo, el que recibimos mediante los bautistas del séptimo día. En 1844 llegó un folleto a la casa de la familia Stowell, que vivía en París, Maine. El folleto enseñaba que el séptimo día era el sábado cristiano y que debía ser observado en vez del domingo.

Marian Stowell, de quince años, lo tomó, lo leyó y quedó convencida. También su hermano Oswald. Marian compartió el folleto con John Andrews, de 17 años, quien lo leyó y le preguntó:

—¿Han leído esto tus padres?

-No-dijo Marian-, pero yo sí, y encontré que no estamos guardando el sábado legítimo. ¿Qué piensas tú?

-Yo creo que el séptimo día es el sábado. Debemos guardarlo.

-Por supuesto -dijo Marian-. Mi hermano Oswald y yo guardamos el sábado pasado. Nos alegraremos si nos acompañas. Lleva el folleto a tu padre y a tu madre para que lo lean.

El señor Andrews lo leyó y lo llevó de vuelta a los Stowell. Ambas familias guardaron el siguiente sábado en una de sus habitaciones.

Poco tiempo después de haber aceptado el sábado, el joven John tuvo una experiencia reveladora. En París, Maine, donde vivía, había un grupo de fanáticos que sembraron discordia entre los guardadores del sábado al grado que no se realizaron reuniones durante un año y medio. Después de un tiempo se anunció una reunión y los dirigentes de la iglesia asistieron. Ahí los fanáticos fueron derrotados. El poder de Dios descendió como un nuevo Pentecostés. Los padres confesaban sus faltas a sus hijos, los hijos a los padres, y unos a otros. Entonces John N. Andrews exclamó: “Cambiaría mil errores por una verdad”

Haz tú lo mismo. Sé un joven de convicciones y no de intereses. Acepta el sábado, el séptimo día de la semana, como día sagrado, y descansa en él con Jesús.