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Éxtasis

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Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Filipenses 1:21.

¿Te gustaría vivir por Cristo? Es bueno, pero morir por Cristo es mejor. Pablo menospreciaba la muerte, y todos los mártires también. El Espíritu Santo estaba en ellos. Por eso vencieron a Roma.

Bajo el reinado de Trajano (108 d.C.), el gobernador de Bitinia, Plinio el Joven, escribió al emperador informándole que cada día ejecutaban a miles. de cristianos, aunque no habían quebrantado las leyes de Roma.

“Todo lo que ellos contaban acerca de su crimen o error (como se tenga que llamar) solo consistía en esto: que solían reunirse en determinado día antes del amanecer, y repetir juntos una oración compuesta en honor de Cristo como Dios, y a comprometerse por obligación no ciertamente a cometer maldad alguna, sino al contrario, a nunca cometer hurtos, robos o adulterio, a nunca falsear su palabra, a nunca defraudar a nadie; después de lo cual era costumbre separarse, y volver a reunirse después para participar en común de una comida inocente".

En esta persecución sufrió el mártir Ignacio, el pastor de Antioquía. Se dice de él que cuando pasó por Asia [la actual Turquía), estando bajo el más estricto cuidado de sus guardianes, fortaleció y confirmó a las iglesias por las ciudades por donde pasaba, tanto con sus exhortaciones como predicando la Palabra de Dios. Cuando llegó a Esmirna, escribió a la iglesia de Roma, exhortándolos para que no emplearan medio alguno para liberarlo de su martirio, pues no quería ser privado de lo que más anhelaba y esperaba. Estas fueron sus palabras:

"Ahora comienzo a ser un discípulo. Nada me importa de las cosas visibles o invisibles, para poder solo ganar a Cristo. ¡Que el fuego y la cruz, que manadas de bestias salvajes, que la rotura de los huesos y el desgarramiento de todo el cuerpo, y que toda la malicia del diablo venga sobre mí; ¡sea así, si solo puedo ganar a Cristo Jesús!" Cuando fue sentenciado a ser echado a las fieras, tal era el ardiente deseo que tenía de padecer, que cada vez que oía rugir a los leones decía: “Soy trigo de Cristo; voy a ser molido por los dientes de fieras salvajes para que pueda ser hallado pan puro".

Oh, Señor, yo quiero esta fe, este amor, y este olvido de mí mismo.