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Matrimonio

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Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. Génesis 24:15.

Rebeca aceptó a su novio sin conocerlo. Isaac aceptó a una novia a quien nunca había visto. Se la consiguió un empleado de su padre. Eran otros tiempos, sí, pero las hormonas de esos jóvenes funcionaban igual que las tuyas.

Esos jóvenes estaban acostumbrados a honrar a sus padres. Hace cuatro mil años, Abraham mandó a Padan Aram a su siervo Eliezer, un sirio de toda su confianza, a que trajera la que sería esposa de su hijo de 40 años de edad. Isaac no debía casarse con una cananea idolatra, sino con una mujer que conocía al Dios verdadero. Esa mujer estaba en Mesopotamia, entre los parientes de Abraham.

Cuando llegó a Padan Aram, Eliezer elevó una oración al Dios de Abraham. Le pidió una prueba: la joven que le diera de beber a él y a sus diez camellos sería la elegida.

Cansado y empolvado por la travesía de varias semanas por praderas y desiertos, Eliezer se apostó junto al pozo y esperó. De pronto una hermosa joven con un gran cántaro vacío llegó al pozo y se quedó mirando a la caravana. ¿Quiénes serían esos extraños? No parecían comerciantes, pues no traían mercancías. Eliezer se adelantó y con tono amable le pidió de beber. La joven accedió y también le ofreció agua para sus camellos. La oración había sido contestada.

Eliezer le dio a la joven valiosos presentes. Ella lo invitó a su casa, y su familia lo recibió con agrado. Eliezer dijo a lo que iba, y Rebeca aceptó ir con él hasta Canaán.

Cuando iban llegando, Rebeca vio a un varón que andaba por el sendero. Era Isaac que venía de orar. Pronto los jóvenes se casaron y fueron muy felices.

Isaac nunca olvidó que su esposa era producto de una oración. Rebeca nunca olvidó que su esposo era producto de un favor. Abraham nunca olvidó que su hijo era obediente, y que su nuera era diligente, bondadosa y decidida.

Cuando pienses en casarte, coma en cuenta a tus padres, y elige a una dama como Rebeca o a un joven como Isaac. Si así lo decides, ustedes serán felices, sus padres tendrán una buena vejez, la sociedad será beneficiada, y Dios se agradará de jóvenes tan virtuosos.