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Fe

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Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Juan 21:11

Jesús realizó una pesca milagrosa cuando buscó a Pedro a orillas del mar de Galilea una mañana, después de una noche infructuosa de pesca. Esa vez le indicó que echara la red, y esta se rompió por el peso de los peces que capturó. Entonces lo llamó a pescar hombres, al apostolado.

En otra ocasión lo mandó a pescar con anzuelo, Pedro fue y encontró en la boca del primer pez un estatero, una moneda con la que pagó el impuesto del templo que le exigían los sacerdotes por él y por Jesús, quien por ser maestro estaba exento.

Luego de la resurrección, Jesús fue a buscar a Pedro y a los discípulos a Galilea, donde los había citado antes de su martirio. Cuando llegó al mar de Genesaret, ellos andaban pescando, pero no habían conseguido un solo pez. Jesús les indicó que echaran la red a la derecha, y consiguieron ciento cincuenta y tres peces grandes. Esta vez la red no se rompió.

Algunos dicen que la primera vez la red se rompió porque Pedro no creía que iba a pescar algo. Si no había tenido éxito por la noche, de día eso sería imposible, pues los peces se alejan de la luz. Por eso echó la red más vieja, la red podrida. Pero la segunda vez echaron la red nueva. Ahora Pedro creía sin reservas en su Maestro resucitado, Señor de la vida y regente de la naturaleza.

Las dos veces que Jesús realizó la pesca milagrosa fue antes de enviar a los discípulos a predicar. Quería decirles que ya sea en la pesca de peces o en la de hombres, él estaría con ellos y les aseguraría el éxito, él les proveería todo lo necesario.

Salgamos hoy a “pescar” el pan de cada día, así como las almas que serán salvas, seguros de que el Pescador divino nos garantiza el éxito.