Regresar

Fraternidad

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón. Mateo 11:29.

El indio acudió ante el cuartel del general Juan Álvarez y ofreció sus servicios

en el ejército liberal que peleaba contra los conservadores en México. Era el siglo XIX. Iban a darle un trabajo de mozo, pero como sabía leer, le dieron algo que hacer en una oficina.

Pasados unos días, llegó una carta para el Licenciado Benito Juárez y el indio la reclamó.

—¿Así que usted es el Licenciado Benito Juárez? ¿El que fue gobernador del Estado de Oaxaca? --preguntó el lugarteniente.

--Sí, señor —contestó el indio. - ¿Y por qué no lo dijo, señor? ¿Qué tiene eso de especial?

Con el tiempo, el Licenciado Benito Juárez llegó a ser presidente de la República. Pero el país seguía agitado. Al fin tuvo que huir de la Ciudad de México porque los enemigos de la Constitución liberal le hacían la guerra, y se refugió en Veracruz.

Una mañana, le pidió a una empleada de servicio del hotel donde había instalado su gobierno que le trajera un poco de agua para lavarse la cara. La mujer, al ver su perfil indígena, replicó:

--¡Sírvase el indio! El guardia que lo custodiaba le dijo con enérgica voz:

- ¿Así respondes al señor presidente de la República?

Al ver a la empleada temblando de pies a cabeza, el señor presidente soltó una carcajada, y todos rieron también. La empleada le trajo el agua y se afanó por atenderlo.

El presidente Juárez se distinguía por su humildad, el timbre de gloria de las almas grandes.

Nadie fue más humilde que Jesús, el Rey del universo, quien siendo igual a Dios descendió a la condición de hombre (siervo), se humilló a lavar los pies de sus discípulos, y ofrendó su vida en sacrificio a la justicia de su Padre y en beneficio para la humanidad.

Solo siendo humilde podía sanar a los enfermos sin cobrar, multiplicar el alimento sin aceptar gloria de los hombres, acallar a sus adversarios sin envanecerse.

Pídele a Dios que te imparta de su humildad. Sirve a tu prójimo sin otro interés que su bienestar, y si algún día te toca dirigir a otros, acuérdate de Jesús y compórtate como él.