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Gozo

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El fruto del Espíritu es amor, gozo. Gálatas 5:22.

Jesús trajo a la tierra el gozo de Dios. Los ángeles celebraron su nacimiento con himnos de gozo. Ante el prodigio de su encarnación, María glorificó a Dios en un cántico de gozo: El Magníficat. El gozo inundó los corazones del anciano Simeón y de Ana la profetisa cuando vieron al Niño en el Templo el día de su dedicación. El gozo refulgía en el rostro del Niño, por eso crecía en gracia para con Dios y los hombres.

Donde pasó Jesús dejaba una estela de gozo. María, la de la vida licenciosa y los siete demonios, al ser liberada por Jesús exultó de gozo, compró un perfume para el Maestro, y lo derramó sobre él. Cánticos de gozo resonaron a las puertas de Jerusalén cuando el Maestro arribó a la ciudad la última semana de su ministerio terrenal.

La sinfonía del gozo tuvo un compás de espera: la pasión y la muerte. Pero al despuntar el primer día de la nueva semana, el universo estalló en alabanzas. ¡Cristo había resucitado! María exultó de gozo al verlo redivivo, y corrió hasta el aposento alto de Jerusalén a compartir la nueva con los discípulos.

Cuando el Redentor ascendió a los cielos, el gozo se desbordó. He aquí un relato del feliz acontecimiento:

Todo el cielo estaba esperando para dar la bienvenida al Salvador a los atrios celestiales... la hueste celestial, con aclamaciones de alabanza y canto celestial, acompañaba al gozoso séquito. Al acercarse a la ciudad de Dios, la escolta de ángeles demanda: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria”. Gozosamente, los centinelas de guardia responden: “¿Quién es este Rey de gloria?" Dicen esto, no porque no sepan quién es, sino porque quieren oír la respuesta de sublime loor: “Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria”. Vuelve a oírse otra vez: “¿Quién es este Rey de gloria?" porque los ángeles no se cansan nunca de oír ensalzar su nombre. Y los ángeles de la escolta responden: “Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria”. Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante .

-DTG 772,773.