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Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Juan 20:26-28.

Mientras viajaba en tren, el brillante ateo Robert G. Ingersoll se encontró con el general Lew Wallace, y el ateo, después de burlarse del cristianismo, se volvió de repente hacia el general, y le dijo: “Wallace, tú eres un hombre letrado y pensador. ¿Por qué no juntas el material suficiente para escribir un libro y lo entregas al mundo dando pruebas de la falsedad de Jesucristo? Prueba que ese hombre nunca existió, y que no es el autor de las doctrinas del Nuevo Testamento".

Wallace atendió la sugerencia y empezó a buscar material para el libro con que debía probar la falsedad de la base del cristianismo. Visitó varias ciudades para consultar manuscritos antiguos y fuentes originales del período histórico en que Cristo vivió.

Como resultado de esta búsqueda, el general Lew Wallace sacó tres conclusiones:

  • Jesucristo era una figura histórica real.
  • Jesucristo era el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.
  • Jesucristo era la respuesta a las necesidades de su propia vida.

A causa de este descubrimiento, el versado general, a los cincuenta años de edad, cayó sobre sus rodillas implorando el perdón divino y pidiendo ser transformado en un verdadero discípulo de Aquel que hasta entonces no había sido para él sino un personaje de leyenda.

Sí, Jesús es real, es el Salvador de la humanidad, y es la respuesta a todas nuestras necesidades genuinas, las necesidades del alma. Jamás dudemos de su palabra. Tomás dudó que hubiera resucitado y fue reprendido por la realidad, Jamás leamos literatura atea. Jamás apartemos la vista y los pensamientos de Jesús. Adorémoslo siempre, pues aquellos para quienes [Jesús) es lo primero, lo último y lo mejor, son las personas más felices del mundo” –MJ 35.