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Unción

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Y así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron gritando a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino sobre él. Jueces 15:14.

¿Alguna vez has imaginado a trescientas zorras en llamas corriendo entre los trigales y los viñedos? Esa “travesura” hizo Sansón porque le quitaron su mujer. Cuando regresó por ella, su suegro le dijo que se la había dado a un filisteo.

Entonces Sansón juntó trescientas zorras y las amarró cola con cola, puso antorchas en cada nudo y las soltó. Las zorras corrieron entre los trigales, las viñas y los olivares de los filisteos y se quemaron con ellos. Entonces los filisteos quemaron a la mujer de Sansón y también al suegro. Sansón contraatacó matando a muchos de ellos, y se escondió en una cueva.

Sansón era ya el enemigo público número uno de los filisteos. Como estos no pudieran encontrarlo, obligaron a los hombres de Judá a que lo hallaran y lo extraditaran. Estos lo hicieron salir de la cueva y se lo llevaron, atado con dos cuerdas nuevas, pero cuando los enemigos se abalanzaron sobre él, Sansón rompió las cuerdas, recogió una quijada de un burro, y con ella mató a mil hombres y los apiló en dos montones. Entonces cantó: “Con la quijada de un anso, un montón, dos montones; con la quijada de un asno maté a mil hombres” (Jue. 15:16).

Cuando la batalla terminó, el héroe oró a Dios presa de terrible sed, y Jehová abrió un manantial para que bebiera. Después Sansón fue a Gaza, ciudad filistea, a visitar a una prostituta, pero fue descubierto. Los soldados cerraron la puerta de la ciudad. Al amanecer, cuando intentara huir, caerían sobre él. Pero a medianoche Sansón arrancó la puerta con sus pilares y el cerrojo, se la echó al hombro y la subió a un monte, frente a Hebrón, a sesenta kilómetros de ahí.

Sansón era valeroso, justiciero y temerario. No temía a las armas de hierro de los filisteos. Él tenía un arma mejor: la fuerza física. Pero esta fuerza no era suya, provenía de Dios. El Espíritu Santo lo energizaba en momentos de crisis y lo hacía matar leones con sus manos, cazar trescientas zorras, pelear él solo contra un regimiento, y celebrar con un poema.

Tal vez quisieras tener el don que Dios le dio a Sansón, pero es mejor si te concede el carácter de Cristo. Así, ganarás la victoria sobre tus enemigos diabólicos y vivirás eternamente.