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Prudencia

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Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Jueces 16:30.

Los filisteos eran los juguetes de Sansón, y él era juguete de sus mujeres.

Sansón era temerario. Volvió a visitar a los filisteos. Esta vez se enamoró de una ramera de nombre Dalila.

Cuando los gobernantes se enteraron de que Sansón tenía amores con Dalila, decidieron usarla como carnada. Cada uno se comprometió a darle 1.100 piezas de plata si le arrancaba el secreto de su fuerza.

Dalila amaba a Sansón, pero amaba más al dinero, y procedió a rogarle que le revelara el secreto. Sansón le mintió varias veces, pero al fin le dijo la verdad: “Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres" (Jue. 16:17).

Enseguida, Dalila hizo que Sansón se durmiera en su falda y llamó a un hombre para que le cortara el cabello. Cuando los filisteos se abalanzaron contra él, Dalila le avisó y Sansón se defendió, pero fue sometido. Le sacaron los ojos, y lo pusieron a mover las aspas de un molino.

Un día los filisteos celebraban la fiesta de su dios Dagón, y llevaron a Sansón, a quien ya le había crecido el cabello, para mofarse de él. “La casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí; y en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Sansón” (vers. 27). En medio de la parodia, Sansón le dijo al joven que lo guiaba: “Acércame, y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas... Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos” (vers. 26, 28).

Sansón palpó las dos columnas y grito: "Muera yo con los filisteos”. Entonces esa montaña de músculos empujó con todo su vigor, “y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida” (vers. 30).

Por exceso de confianza Sansón tuvo un trágico fin. Solo en su día postrero se entregó a Dios. Por exceso de confianza los filisteos murieron a manos de Sansón. No confíes en seres humanos, aunque te juren amor y lealtad; confía en Dios, quien nunca te traicionará.