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Fe

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¡Bendito sea el nombre de Jehová! Job 1:20 (RV95).

Alabar a Dios en la prosperidad es casi natural. Alabarlo en la adversidad es un ejercicio de fe. Job tuvo fe en Dios a pesar de haber perdido sus hijos, sus riquezas y la salud. En vez de quejarse o maldecirlo dijo: “¡Bendito sea el nombre de Jehová!” (Job 1:21).

A través de los siglos, otros cristianos han alabado a Dios en la más dolorosa adversidad. Uno de ellos fue el abogado Horatio Spafford.

En 1873, el abogado Horatio Spafford se propuso viajar en barco de los Estados Unidos a Europa.

Como aún debía atender ciertos negocios en América, el señor Spafford decidió enviar a su familia primero, pero el barco Ville du Havre, en el que viajaban, fue embestido por un buque inglés y se hundió en solo doce minutos. Entre los que se ahogaron estaban las cuatro hijas de Spafford. Su esposa logró sobrevivir, y desde Gales le envió a Horatio un telegrama que decía: "Única salvada. ¿Qué debo hacer?”

Horatio Spafford tomó el primer barco y viajó a encontrarse con su esposa. Cuando el buque donde iba pasó por el sitio donde se había hundido el Ville du Havre, el capitán se lo dijo. Luego de pedir fortaleza divina, Horatio Spafford descendió a su camarote y escribió un poema que ha llegado a ser un medio de consuelo para muchos creyentes atribulados en "un mar de aflicción”. Tituló al poema, “Estoy bien con mi Dios”.

Los esposos Spafford no culparon a Dios por la tragedia. Mantuvieron su fe y su interés en el segundo advenimiento de Jesús, al grado que en 1881 fueron a Jerusalén, y ahí fundaron un grupo llamado American Colony, cuya misión fue servir a los pobres. Más tarde la colonia se convirtió en el tema de un libro, Ganar Jerusalén, de la novelista sueca Selma Lagerlöf. El edificio de dicha institución de beneficencia interdenominacional todavía existe en Jerusalén.

La presencia de Dios es lo mejor para el creyente. Pase lo que pase, sufra lo que sufra, el cristiano siempre está bien en su compañía.