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Sabiduría

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Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Proverbios 4:7.

En tiempos de la conquista de América, Fray Bartolomé Arrazola se perdió en la selva de Guatemala y fue capturado por los mayas. En un ingenioso intento por salvarse, Fray Bartolomé recordó que ese día se esperaba un eclipse total de sol, y procuró asustarlos. Les dijo: “Si me matáis, puedo hacer que el sol se oscurezca”. Dos horas después, a la opaca luz de un sol eclipsado, el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba sangre, mientras uno de los indígenas recitaba las fechas en que se producirían eclipses solares y lunares.

Así elogio Augusto Monterroso el desarrollo científico de los mayas.

Aunque los mayas eran brillantes astrónomos, arquitectos y matemáticos, se corrompieron. La práctica de sacrificios humanos lo demuestra.

Como a los mayas, Dios te ha dotado con una gran capacidad de aprendizaje. Si descubres tus talentos y eliges una carrera en la que los puedas desarrollar al máximo, llegarás a tener doctorados y a impartir cátedras en las mejores universidades, pero eso no es sabiduría. Sabiduría es conocer a Dios. “Con Dios está la sabiduría” (Job 12:13). “Jehová da la sabiduría” (Prov. 2:6). Él provee la sabiduría sana, porque hay una sabiduría maligna. Santiago advierte: “Esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” (Sant. 3:15).

Para obtener sabiduría de Dios hay un secreto, que Salomón comparte: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Prov. 1:7). Dios anhela darte sabiduría. Su Palabra te dice a ti y a tus amigos: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Sant. 1:5).

Teme a Dios y te iniciarás en una senda de sabiduría que no tiene fin. Como resultado, honrarás a Dios y tomarás las mejores decisiones para forjar tu destino.

Sé culto, y sé sabio. Dios lo quiere.