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Honestidad

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Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría. Colosenses 3:5.

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;

al torpe hace discreto, hombre de respetar,

hace correr al cojo, al mudo lo hace hablar;

el que no tiene manos, bien lo quiere tomar.

También al hombre necio y rudo labrador,

dineros le convierten en hidalgo doctor;

cuanto más rico es uno, más grande es su valor,

quien no tiene dinero no es de “Sí, señor".

Y si tienes dinero, tendrás consolación,

placeres y alegrías y del Papa ración;

comprarás Paraíso, ganarás la salvación:

donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Así denunció Juan Ruíz, el Arcipreste de Hita, la fascinación que el dinero ejerce sobre los codiciosos. Pero sobre ti no debe ser así. El dinero no debe ponerte precio. No te vendas, pues tú ya fuiste comprado. Te compro Jesucristo con una moneda superior a todos los tesoros del mundo: su sangre.

Si tienes un cuerpo bien cincelado por las hormonas y un régimen sano, no lo vendas cuando venga alguien a querer comprarlo. Ya eres reina de belleza al estilo de Dios, y tu realeza es doble: eres reina de belleza y de pureza.

Si alguien viene a tentarte con un jugoso contrato para jugar en un equipo deportivo que juega los sábados, recházalo. No aceptes ese cargo que te ofrecen en el gobierno de tu ciudad o de tu país si a cambio tienes que solapar la corrupción. Eres hijo del Dios incorruptible. Hónralo.