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Revelación

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Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura. 1 Corintios 1:23.

Como fuente del conocimiento verdadero, durante cuatro milenios Cristo instruyó a sus fieles. En sueños, visiones y teofanías les reveló el futuro. Llevó a su pueblo de la mano por los pasajes oscuros de su historia. En los tiempos de la Roma pagana, conforme a las profecías mesiánicas, el Maestro de Israel vino a la tierra como hombre y habló "palabras de vida eterna" (Juan 6:68).

Toda sabiduría proviene de él. “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, [vino) a este mundo” (Juan 1:9).

La verdad es la ideología de Jesús. Lo que él dice es la expresión de la verdad, lo que conocemos como doctrina.

Cristo enseñó a sus contemporáneos verdades ya reveladas pero oscurecidas por la interpretación humana. En el Sermón del Monte repitió sus mandamientos del Sinaí, resaltando aquella parte que los israelitas no habían entendido, el principio que los sustenta: el amor. Enfatizó la dimensión que ellos habían oscurecido con su criterio estrecho: la dimensión espiritual.

Lo que en teoría se llama doctrina, en la práctica se llama ética. Muy valiosa y trascendente puede ser una verdad, pero es necesario practicarla. No basta con ser oidores; hay que ser hacedores de la verdad, para no engañarnos a nosotros mismos (ver Sant. 1:22). La Escritura dice: “[Esté] atento tu oído a la sabiduría... si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros; entonces entenderás el temor de Jehová”. La sabiduría "es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen" (Prov. 2:2-5; 3:18).

Los judíos oyeron la verdad de la redención, el Mesías-Cordero que muere, y no la entendieron. Un Redentor que muere fue al principio una idea de patriarcas y profetas. Los griegos, que no tenían revelación, consideraban locura la idea de un Dios muerto. Los judíos los secundaron, y muchos tropezaron con el Mesías-Cordero.

Cristo aún se revela a nosotros por su Palabra escrita. Que en este día se revele a ti como "el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6), y como "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).