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Justicia

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Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, más a otros se les descubren después. 1 Timoteo 5:24.

Una mujer se consiguió un amante, pero por miedo a la vergüenza pública no quiso dejar a su marido, así que los adúlteros vivían su romance a escondidas

Un día el esposo sufrió un accidente y se golpeó la cabeza. El médico le recetó unos calmantes y le ordenó reposo. Una noche se desangró y amaneció muerto. Como la viuda tenía buena reputación, el médico no le practicó la necropsia al cadáver, así que lo sepultaron al son de los lamentos de la mujer.

Pocos meses después la viuda se casó con su amante secreto, y con el dinero que dejó el muerto se fueron de luna de miel.

Pasaron varios años. Cuando el cementerio del pueblo se llenó, las autoridades ordenaron vaciar las tumbas de los difuntos cuyos deudos no habían pagado la cuota anual. Ese año, los adúlteros se habían olvidado del muerto y del pago. Una de las tumbas intervenidas fue la de aquel hombre, y cuando el sepulcro fue abierto la viuda perdió el conocimiento y también la libertad. En la calavera del hombre había un sonidito; abrieron el cráneo y encontraron unos clavos oxidados.

La policía apresó a la mujer, quien confesó que ella había matado a su esposo. Junto con su amante había planeado la muerte del marido. Aprovechando su postración, ella le había introducido los clavos en la cabeza. Los adúlteros pasaron en prisión el resto de sus días.

La justicia es segura, aunque a veces parezca tardar. La Escritura dice: “Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, más a otros se les descubren después" (1 Tim. 5:24).

Si tienes pecados ocultos apresúrate a confesarlos, porque “Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gál. 6:7), y “porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecle. 12:14).