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Paz

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La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

Unos estudiantes adventistas de los Estados Unidos fueron a México en un "viaje misionero”. Sus padres y maestros les habían recomendado que tuvieran mucho cuidado, porque los noticieros informaban que en México había muchos casos de violencia.

Cuando llegaron al lugar donde iban a predicar y construir una iglesia, un joven bilingüe saludó a un muchacho mexicano, y este le preguntó: “¿Ustedes no tienen temor de que haya una balacera en su escuela? Por los noticieros nos hemos enterado que eso sucede con frecuencia en los Estados Unidos”.

Ambos jóvenes tenían razones para preocuparse. En México hubo 25.339 muertes violentas durante 2017, y en los Estados Unidos hubo 15.593 solo a causa de armas de fuego.

La violencia está en todas partes, solo que unos países manejan la información para proteger su imagen, pues quieren cuidar su prestigio.

No hay paz en el mundo. Esta es la realidad. Pero hay una paz que sí podemos obtener. La paz con Dios, y la concede el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, el Vicario de Cristo, aplica los beneficios del sacrificio del Redentor a los pecadores. Habla a su conciencia, provee los medios para que lleguen a conocer el evangelio, los convence de pecado, de justicia y de juicio, los convierte en nuevas criaturas; y en el bautismo, desciende a ungir al converso, tal como ungió a Jesús. El resultado de la acción del Espíritu Santo en el converso es llamado el fruto del Espíritu (Gál. 5:22, 23). En ese fruto está la paz.

Un corazón en paz promueve la paz. Tal vez en tu país la paz social es muy frágil. Tal vez no te atreves a salir de noche a la calle porque otros a quienes amabas salieron y no regresaron. Sé prudente. Cuida tu vida y la de tu familia. Sobre todo, asegúrate de obtener la paz interior, la que no se obtiene mediante la observancia de leyes humanas, ni intentando guardar por ti mismo la ley de Dios. El Salvador dijo a sus discípulos y hoy te dice a ti: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).