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Honestidad

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Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18, 19.

Nace en las Indias honrado,

donde el mundo le acompaña;

viene a morir en España,

y es en Génova enterrado.

Y pues quien le trae al lado

es hermoso aunque sea fiero.

Poderoso caballero

es don Dinero.

Así cantó Francisco de Quevedo algunas verdades acerca del dinero. En su tiempo, grandes cargamentos de oro de Perú y Bolivia y de plata de México, consideradas tierras de Indias eran llevadas a España. La nobleza y la realeza hacían negocios con los banqueros genoveses, y ahí terminaba el viaje del oro y la plata de América. La posesión del dinero les añadía prestigio aun a los plebeyos.

La pasión por el dinero no ha disminuido. Hermanos que se amaban pierden la armonía y la vergüenza por una herencia. Por dinero los amigos se traicionan, los esposos niegan sus votos matrimoniales, y muchos gobernantes pisotean el juramento cívico y patriótico que hicieron cuando tomaron posesión del poder que el pueblo les delego. Otros ni siquiera toman en cuenta al pueblo. Usurpan el poder y luego saquean a la patria.

Por dinero Balaam perdió su dignidad y su llamamiento profético. Por dinero los publicanos cooperaban con Roma en perjuicio de Israel. Por dinero los saduceos se aliaron con los invasores latinos. Por dinero Judas Iscariote traicionó a su Maestro al venderlo a los sacerdotes.

Tú no te vendas. Ya fuiste comprado. Jesús te compró.