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Disciplina

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Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia. Daniel 4:37.

Nabucodonosor II creyó en el Dios de Israel, pero su incredulidad inicial le salió muy cara. Algunos dicen que enfermo de licantropía, creer que uno es un lobo; otros que enfermó de boantropía, creer que uno es un buey. Esta debe haber sido su enfermedad, pues se comportaba como una bestia herbívora.

Nabucodonosor enfermo después de haberse proclamado artífice de la grandeza y el esplendor de Babilonia, la capital del reino. Dijo que él la había edificado. Dios reprendió su jactancia con esta enfermedad.

Solo el Dios de Israel merecía el reconocimiento por la grandeza de Babilonia, pues era él quien había elegido a Nabucodonosor como instrumento para disciplinar a las naciones, sobre todo, a su pueblo rebelde. Todo mérito que él se adjudicaba era de Jehová.

La soberbia es mala consejera. Al rey más excelso de la antigüedad pagana le granjeó siete años en el porrero, siendo el hazmerreír de los cortesanos y la vergüenza de su familia. Aunque no faltaban intrigas palaciegas, nadie se atrevió a darle golpe de estado al rey, pues Dios había prometido lo contrario.

Mediante un sueño, Dios le había advertido del riesgo a causa de su vanagloria, pero Nabucodonosor no atendió a la advertencia. Daniel le había interpretado el sueño aquel: un árbol frondoso donde habitaban las aves era cortado pero conservaba las raíces, El árbol representaba a Nabucodonosor, el corte representaba la locura, las raíces indicaban que conservaría el reino, y que luego de curarse volvería a gobernar (Daniel 4).

Nabucodonosor fue protegido por Dios, pues mientras se comportó como un salvaje ninguna fiera lo atacó y nadie lo mató. Nadie se atrevía a matar a un poseso de malos espíritus. Se creía que si eso ocurría, los espíritus malignos se apoderaban del asesino. Nabucodonosor aprendió la lección de humildad. Reconoció al Dios de Israel como artífice de la grandeza caldea, como único Dios, y ordenó que todos lo adoraran.

Tú también, adora a Dios y sé humilde.