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Gracia

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Por gracia sois salvos. Efesios 2:8.

Uno de los pastores a quienes más aprecio, llegó a nuestra iglesia en los primeros años de su juventud. Venía de una pandilla. Pronto se integró en la vida de nuestra comunidad. Los jóvenes de aquel tiempo eran muy activos.

Lo invitaban a participar en los programas regulares, en los juegos sociales y doquiera iban. Un día ese joven nos sorprendió: pidió el bautismo. A los pocos meses nos sorprendió más: se fue al colegio adventista a estudiar Teología.

Pasaron los años. Alguien me dijo que este joven se había casado y estaba por graduarse. Pasaron más años. Un día este joven nos visitó en la iglesia. Me saludo desde lejos con un ademán. No lo reconocí. Al terminar el programa de adoración, se acercó y me saludó personalmente. Cuando habló, reconocí su voz. ¡Era el joven aquel que vino a la iglesia huyendo de una pandilla! Me presentó a su familia: Tenía varios hijos, todos encantadores.

Otro de los miembros de la iglesia que lo conocía mejor, me comentó acerca de él. En la pandilla, este muchacho tenía una especialidad: era el que abría los autos ajenos.

Dios es capaz de realizar maravillas en la vida de sus hijos, aun en la de aquellos a quienes los cristianos legalistas consideran de poco valor. Comienza este día orando por las personas que la sociedad ha marginado. Libérate del prejuicio. No los juzgues. Muchos de ellos no tuvieron amor en su casa, no recibieron atención, y se fueron a buscar gente que los aceptara. Acéptalos tú, y preséntales al Dios que los acepta y los ama sin medida.

Da gracias por tu salvación. Tú también estuviste perdido. Cuando llegues al cielo, te asombrarás al ver ahí a ciertas personas. Otros se asombrarán al verte a ti ahí.