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La hora de su juicio ha llegado. Apocalipsis 14:7

En 1818, Guillermo Miller llegó a la conclusión de que Cristo iba a regresar en 1843 o 1844, pero vacilo en predicarlo, porque pensó: Soy solamente un agricultor. Se burlarán de mí.

Miller estudió el asunto durante quince años más. Un día le prometió al Señor que, si el camino se abría, iría y predicaría. Entonces el Señor envió a Irving, el sobrino de Miller, con una invitación. El predicador local estaba ausente y los hermanos invitaban a Miller para que se hiciera cargo del servicio de culto el día siguiente. “Ven y enseña a nuestro pueblo que el Señor viene”, fue la invitación.

Guillermo Miller se sorprendió. No contestó una palabra, se dio vuelta, cruzó la puerta de atrás, bajó la pequeña cuesta del lado oeste y subió nuevamente al bosque de arces donde a menudo iba a orar. A lo largo de todo el camino una voz susurraba en sus oídos: “Ve y dilo! ¡Ve y dilo! ¡Ve y dilo al mundo!". En el bosque, cayó de rodillas y gritó: “¡Señor, no puedo ir! ¡No puedo! Soy solamente un agricultor, no un predicador; ¿cómo puedo llevar un mensaje como Noé?” Todo lo que pudo escuchar fue: ¿Romperás una promesa tan pronto después de haberla hecho? ¡Ve y dilo al mundo! Al fin Miller se rindió, exclamando: “Señor no sé cómo puedo hacerlo, pero si tú irás conmigo, iré”. Entonces su carga fue quitada, su espíritu se elevó y comenzó a saltar gritando: ¡Gloria, Aleluya!””

Lucía, su hija más pequeña y constante compañera, lo siguió mientras él se apresuraba por el sendero, y al ver a su padre saltando de gozo, corrió de regreso a la casa: “¡Mamá, mamá, ven rápido! —gritó— ¡Papá está en el bosque y se ha vuelto loco!” Eso mismo dijo el mundo de él más tarde, pero Lucía reconsideró, creyó, y siguió sus enseñanzas toda su vida.

¡Qué poderoso predicador fue el pastor Miller! Miles de personas fueron convertidas por su ministerio. Cristo no vino entonces, pero ellos estaban preparados para recibirlo.

Pidamos a Dios la fe de Guillermo Miller, y el fuego divino con que su predicación encendió los corazones de sus oyentes.