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Ecología

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¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios. Salmo 104:24.

La hormiga muere y el lucero llora,

algo se malogró de la armonía.

Cesó un motor de luz y de alegría,

 hay un pequeño luto en esta hora.

 

Faltó un rosal y sufrirá la flora;

el ave va a decirle su elegía,

y espeso nimbo de melancolía

disminuirá la gloria de la aurora.

 

Toda creación incumbe al engranaje

en esta rueda eterna de la vida.

El cosmos no conoce de sobrantes.

 

La flor que ayer faltara en el paisaje,

el lobo que no vino a la guarida,

también fueron creaciones relevantes.

 

Este poema reflexiona sobre el equilibrio ecológico. Todo lo que existe es valioso, excepto los demonios. Aun las moscas contribuyen a la vida. Consumen ciertos desechos orgánicos, y polinizan las plantas. Nada es superfluo. Todo lo creado contribuye a la existencia del resto.

“Fuera del egoísta corazón humano, no hay nada que viva para sí. No hay ningún pájaro que surca el aire, ningún animal que se mueve en el suelo,

que no sirva a alguna otra vida. No hay siquiera una hoja del bosque, ni una humilde brizna de hierba que no tenga su utilidad. Cada árbol, arbusto y hoja emite ese elemento de vida, sin el cual no podrían sostenerse ni el hombre ni los animales; y el hombre y el animal, a su vez, sirven a la vida del árbol y del arbusto y de la hoja" -DTG 12.

Ama la tierra, ama la naturaleza, ama al Creador. Lee su primer libro, la naturaleza, tal como lees el segundo, la Biblia, y agradécele por desplegar su poder en todas las cosas.